En distintos equipos públicos aparece una frase repetida: “Esto se solucionaría si la dirección hiciera algo” o “cuando cambien la política, ahí recién podremos avanzar”. Mientras tanto, el equipo sigue funcionando con las mismas dificultades.
El problema siempre está un nivel más arriba.

Lo que hay detrás
Es cierto que muchas decisiones estructurales no dependen de un solo equipo. Pero también es cierto que, a veces, usamos esa realidad como argumento para no revisar lo que sí está bajo nuestro control.
Esperar que otro resuelva todo puede convertirse en una forma elegante de inmovilidad.

Una mirada distinta
En procesos de acompañamiento hemos visto algo consistente: cuando un equipo identifica lo que sí puede ajustar —aunque sea pequeño— la sensación de agencia cambia. No resuelve todo el sistema, pero cambia la energía interna.
La autonomía parcial también es poder.

Un paso concreto
En una jornada reciente propusimos dividir los problemas en tres columnas:
Lo que depende completamente de nosotros.
Lo que podemos influir.
Lo que no controlamos.
La conversación cambió radicalmente cuando el equipo vio que había más en la primera columna de lo que imaginaba.

Tal vez no todo dependa de tu institución. Pero algo sí.
La pregunta es si están dispuestos a hacerse cargo de esa parte.
En tu equipo, ¿qué está realmente bajo su control hoy?, aquello que está a tu alcance.

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